Pero hay veces en las que la estratagema de las probabilidades no funciona. Mi mente necesita respuestas, sí, pero no es conformista; mi avidez de certezas no se calma preguntándole al I-Ching, a las runas druidas o a las cartas del tarot ciber-virtual de "losarcanospuntoalgo" (ya dejé de jugar con él, me aburrió). No me voy a conformar especulando y eligiendo la probabilidad que más me convenga, que hiera menos mi amor propio o mi susceptibilidad, en forma acomodaticia. No: no quiero. Por un lado, en situaciones "como éstas", mi mente no se apacigua con fantasías urdidas por mi imaginación; por otro lado, es utópico creer que las cosas son como yo quiera que sean, que la probabilidad que elija va a ser la correcta.
(Es un artilugio muy simplista, no me sirve. La verdad, la tenés sólo vos.)
Me haría mal, ya te dije, creer que no te cerré. En enero le contaste a un amigo que estabas "hablando con una chica", fue una mañana antes de salir para el trabajo. Unos días después, pusiste distancia, desapareciste. Volviste diciendo que "a veces un rayo impacta más que un cable de alta tensión." Ese rayo hizo que sofocaras los chispazos del cable de alto voltaje que había entre nosotros, que lo dosificaras en encuentros que desde mediados de año son aproximadamente una punto cinco vez por mes.
¿Qué fue lo que pasó? ¿Te arreglaste con tu ex? ¿Te comprometiste? ¿Te casaste? ¿Fuiste padre?
Esta madrugada tenía tres o cuatro preguntas, y no me diste ninguna respuesta.
Es mucho, mucho más difícil así...
No entiendo en qué te afectaría que me comunicaras, en forma breve y concisa, cuál es la situación... No tengo forma de dar con vos, el único momento en que pude haber hecho un intento para localizarte fue el domingo y lo dejé pasar adrede, no tengo ningún dato tuyo como para que tu intimidad se vea amenazada o expuesta... No te compromete decirme algo, lo que fuera...
Pero no, Te empeñás en permanecer silente. En resguardarte detrás de la máscara invisible del "perfect stranger". En hundirte en el anonimato extremo. Aún cuando te pedi que me dieras una respuesta con la cual pudiera vivir...
Sí, ya sé, anoche quebré todos los protocolos, no vamos a volver a hablar...
... Tanto calor, tanto silencio, tanta intriga, es mucho para mí. Hoy veré otra vez a mi amigo el escritor, me emborracharé por segunda vez en el año, y buscaré el sabor de tu boca donde no estará: en el fondo de un vaso de Baileys, si es que las restricciones a los importados no se tragaron ya todas las botellas de él.
Si éso sucedió, será con otra cosa. + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + +

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