Caro mio,
Sé que te decepcionó que no nos viéramos el domingo, y es por eso que no me escribís ni siquiera para decírmelo.
No dejó de ser cierto que cuando me desperté, el domingo por la mañana, la cabeza me daba vueltas y me dolía la garganta, como te comuniqué por mensaje.
Pero el motivo principal por el que no quise concretar el encuentro entre vos y yo, no fue ése. (Y como soy una dama, y no puedo contarte todo esto, necesito sacarlo de mi sistema y escribirlo en este blog.)
Iba a correr esa carrera porque "él" estaría ahí. Verás: hay cinco hombres clave en los romances telefónicos de "Ivana Vanina": Gastón, alguien cuyo nombre no recuerdo (¿Gustavo, tal vez?), Charly, vos, Diego. Todos ellos en orden estrictamente cronológico.
Tuve un romance con Gastón, y con "tal vez Gustavo", en 2002.
"Hola, soy Gastón, y quizá te esté buscando a vos", decía en su presentación. Gastón era medio histérico y decidió inventarse una excusa la semana en que finalmente se decidió a conocerme. No supe nada de él, nunca más. Se borró. Sin embargo, dejó su marca: fue el primer hombre que me sedujo por teléfono, que me hizo volar, que conectó con ese lado de mí que hace que caiga en un estado de éxtasis (en forma natural), que quede obnubilada, subyugada, y me abandone a mis sentidos y al deseo...
¿Gustavo? Creo que así era como se llamaba... Sucedió algo parecido, fue más breve (con Gastón hablamos durante meses). "Envolvé la noche alrededor de mí", sugería mi voz, y él respondió con otro tema de Bono. Vino por mí, me subí a su auto, nos besamos, sonaba Radiohead de fondo. Fue una tormenta, mezclada con "Love is blindness" de U2, mi vestido negro, muy ajustado, con florcitas blancas, y la lluvia que mojó nuestros hombros en la terraza. El romance perfecto, sí, pero hasta que llegó el momento de subirnos a su cama...
Después vino Charly y opacó al resto de la platea masculina. Ah, Charly era... cautivante. (Por eso fui suya durante tanto tiempo.) Su genio, su ironía, sus convicciones, su termperamento, sus ideales, su pasión, su fuego interior, su espíritu inquieto y calmo a la vez, su mente aguda... Su tremenda capacidad de escuchar, de decodificarme... Su poesía... Sus besos, sus manos... Lo amé tanto, y no he dejado de amarlo. Fue "la" historia de amor más increíble y más hermosa que me tocó vivir.
Vos, tres años atrás. Vos y nuestro vagón de tren, sobre el cual cruzamos Europa en tan sólo horas. Vos y la forma en que dijiste: "¿Así, profe?" Vos, que trajiste a la cama (y al sillón) cosas que hasta ese momento fueron tabú, y yo consideraba oscuras y ajenas a mis placeres. Que al principio hirieron mi sensibilidad, pero al mismo tiempo le quitaron el velo a mi morbo...
Vos abriste una puerta, y cuando nos perdimos quedó entreabierta hasta que nos volvimos a cruzar muy fugazmente el año pasado. Volviste a subyugarme, pero entonces me dio escrúpulos que hubiese alguien en tu vida. Entonces, te dejé ir por segunda vez (la primera no fue por escrúpulos sino por temor)...
Diego -que también es "Max"- llegó este año, en enero. A pesar de todas las cosas que viven en él y me recuerdan a vos, Max/Diego es único. Necesitaría cientos -miles- de palabras para explicártelo, y aún así me quedaría corta. Diego es... Diego. Max y Diego. Mi debilidad. La pasión que me atraviesa y me deja en un estado borderline, del cual no puedo recuperarme sino hasta unos días después de haber hablado con él. Con Diego me subí a un globo aerostático, me bajé en una cabaña, me escondí en una habitación de hotel, y con Max viajé con él a bordo de un barco que ya no existe, me escondí debajo de una mesa del salón principal del Marriott Hotel de Londres, caminé por las calles de Whitechapel, me senté en un banco frente a la Iglesia de St Paul... Me convertí en condesa, me casé y me descasé. Después, el itinerario continuó con y sin él.
El problema, Joaquín, es que el domingo... No era con vos con quien quería estar, sino con Diego.
Tener sexo después de una carrera era su fantasía. Nuestra fantasía (de él, y yo la hice mía). El domingo él corría 10K (Diego, no vos), y yo había decidido correr en el mismo lugar para estar con él. Para respirar el mismo aire, ver el mismo cielo, quemarme con el mismo sol, escuchar las mismas voces, atravesar las mismas calles. Para estar ahí,cerca de Diego, y de alguna manera, con Diego. Una vez terminada la carrera, hubiera deseado estar con Diego y cumplir esa fantasía.
Claro, como no era posible, iba a verme con vos.
Vos fuiste el antecesor más cercano de Diego, no sólo en tiempo sino también por las cosas de él que me recordaron a vos. Hablo de aquella fantasía en la que te dabas vuelta, te ponías contra la pared, y yo te hacía mío... Sí, vos fuiste "el prototipo" de Diego, pero con él no sólo se abrió una puerta sino que también él hizo desplegarse una alfombra roja bajo mis pies, y me ofreció un mundo nuevo.
No soy de las que se conforman con menos. No me quedo con el pan cuando deseo la torta. Soy así, no me permito buscar reemplazos, no estoy con quien no quiero estar (salvo que esté un poco ebria, o me excite la idea decadente de regalarle mi belleza a un cerdo), no tomo a B cuando quiero estar con A y no puedo tenerlo... Por eso te dejé pasar el domingo. Por eso no fui a verte. Y tampoco fui a correr, pero esa es otra historia...
Por la noche... Me busqué a alguien con quien quisiera estar en la realidad, no en fantasías irrealizables.
Sé que fue injusto para vos. Pero no me iba estar con vos y desear a Diego. Vos no sos Diego. No podés reemplazarlo. No hay sustitutos de o para Diego. Diego es Diego (y es Max). Como ya dije, es único.
... Voy cerrando. Ahora ya me siento un poco mejor. La rutina del día me espera. Todo volverá a empezar a la medianoche... Cuando entre a ese pabellón infernal buscando su voz, aunque no esté ahí, en otra noche larga y oscura de insomnio... Después de haberme emborrachado con Wolfie (mi amigo, el que escribe).
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