Max,
La sola idea de refugiarme con vos en un faro, de hallar un sitio seguro donde resguardarnos de una tormenta costera, trajo a mi mente el faro de Hook Head, por supuesto, en mi amada Irlanda…
Y con respecto a las salamandras, Max, no sé si será por su homonimia con los anfibios, observan un comportamiento bastante inusual y hay que estar pendiente de ellas todo el tiempo: te descuidás, y en medio de un chisporroteo caprichoso, el fuego desaparece, y con éste, el calor… Lo sé porque había una en mi casa número cinco.
No negaré la originalidad por vos vertida en el detalle del Remy Martin Luis XIII. Sin embargo, Max, confieso que más de una vez habría dado medio París por la chance de sentarme frente a vos en el “Café de la Paix”, con un Baileys de por medio… Sabrás disculpar, entonces, mi toque “déclassé” – cambiaré tu cognac selecto de 2,000 dólares la botella por nuestro licor favorito, menos caro y más representativo de nuestra intimidad.
Es que nunca olvidaré aquella noche, la sexta, en que fuiste a servirte una copa luego de haberte entregado por completo, de haberte rendido a mí y haberme cedido el control sobre tu persona. Ay, Max Rotschild… Ay.
(Que no siempre una dama necesita de detalles caros para deleitarse en compañía de un hombre como vos.)
Y con respecto a eso de “faros desafiantes que con su sola presencia desafiaban al viento desde lo alto de los acantilados e iluminaban la noche”… ¿Qué puedo decirte, Max?
You’re flattering me, and I love it.
Me encanta saber que iluminé alguna que otra de tus noches, aún cuando hayan pasado casi siete meses de la primera.
Lo que quisiera saber es, ¿qué hace, o qué hizo, que me veas / vieras desafiante? ¿Qué cosa desafié en tu universo? ¿Es porque, casi siete meses después, sigo en la retina de tu memoria sensorial? ¿O qué?
O qué…
Faro desafiante, si los hay, es éste, que alguna vez supo estar en aquel blog que creé para vos. Con música de Max Richter, cuyo perfil es más o menos similar a aquella ocupación alternativa que me dijiste, el 16 de enero, que te gustaría tener si pudieras elegir.
Aquí te lo dejo nuevamente:
Mia Rotschild se despide, hasta el momento exacto en que desees volver a abrir esta puerta que nunca se cerró del todo, y quieras alcanzarme, volver a tocar mi espalda, y quién sabe qué o cuánto más...
I miss you, too, darling.
Kisses,
Mia Rotschild.
PS: Je vous attend, Monsieur Rotschild…
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