10:00 pm; viajo dentro de algo más de cuatro horas. Sé que debería empacar algo, y la verdad es que no se me ocurre bien qué. Cuando llegué hace casi dos semanas, había simplificado mi equipaje al mínimo. Pero no fue porque me hubiera convertido en una viajera más eficiente; no. Lo que en realidad sucedió fue que olvidé dónde había puesto la checklist del año pasado, por lo cual empaqué "a ciegas", de modo intuitivo, casi adivinando qué me haría falta y qué no. Digo "empaqué" a sabiendas de que miento; en realidad, debería haber dicho que "me empaquetaron". Me hicieron firmar un checkout obligatorio de No Woman's Land, algo así como una licencia que no pude rechazar. Acto seguido, me dijeron "Hasta pronto", deseándome "Bon voyage!"; todo sucedió en cámara rápida ante mi mirada estupefacta - tanto, que no atiné a decir nada. Simplemente, me di por despedida, devolviendo el saludo; acepté la ayuda de la mano gentil que subió mi valija al remis, me acomodé en el asiento de atrás, cerré la puerta, dije las palabras "Hasta la parada del minibús", y eso fue todo. Cuando quise acordar, ya me hallaba en viaje...
Estuve a punto de perder el minibús, pero el chofer resultó ser muy hábil y lo interceptó antes de que pudiera dejar la dársena, estacionándose justo adelante. Bajé del remis, con equipaje y todo, con una celeridad que impresionó a más de un espectador. Subí al minibús, el pasajero del primer asiento me cedió gentilmente su ubicación, pagué el boleto hasta Retiro, y cuarenta minutos después estaba haciendo mi ingreso por la entrada principal de la Terminal de Ómnibus... Mi "valet" circunstancial no había olvidado nada: anteojos de sol, celular, botella de agua saborizada, monedas, pañuelos... Estaba todo lo que siempre suelo traer cuando viajo. De todos modos, no pude evitar traerme cosas que volverán sin haber sido tocadas ni siquiera una vez. Sería bueno que me llevara algo de eso conmigo ahora que solamente regreso con equipaje de mano y por espacio de algunas horas, así me evito la molestia de tener que arrastrar peso muerto dentro de diez dìas, cuando se produzca mi regreso definitivo y tenga que transportar la totalidad del equipaje.
A todo esto, me informaron que en No Woman's Land hubo un corte de electricidad que duró más de un día. Que no hay víveres en el refrigerador, ni bebidas, y que si quiero almorzar allá tengo que comprar algo en el camino. Creo que no llego a darme cuenta de cuál será mi situación cuando desembarque. Es que acá tengo a mi alcance todo lo que pudiera llegar a necesitar; hay kioscos y bares que permanecen abiertos las 24 horas. Temo verme atrapada por el "desfasaje" creado por la falta de noción de las diferencias entre Mar del Plata y No Woman's Land. Una vez allá, seguramente querré algo que no podré conseguir.
... Todavía no me siento bien. Me he visto obligada a ir a la farmacia y a confrontar una vez más al tipo que atiende... Apenas algo mayor que yo, cuerpo bronceado hasta donde se puede apreciar, cabello prolijamente rapado, un guardapolvo blanco muy pulcro que deja entrever su vello pectoral, y una sonrisa de donjuán a prueba de mi cara más neutra. En resumen, salí de la farmacia con una tableta de pastillas, de las cuales he ingerido una, lata de Speed de por medio, y mientras me refugio momentáneamente en el ciber, miro fotos del Queen Mary que de manera muy infame ha sido convertido en hotel y yace en Long Beach...
Y mientras me pregunto por qué no habrá sobrevivido el RMS Queen Elizabeth a los avatares del devenir de los tiempos... no puedo... dejar... de... pensar... en...
... en que soy una viajera de verdad. Y como decía Baudelaire: "Los viajeros de verdad, son aquellos que parten por partir." Por el placer de partir, por el placer de viajar y de encontrar, al final de ese viaje, lo impredecible, lo inesperado.
Parto ya... Adiós, extraño, adiós. Au revoir. So long. Muchísimas gracias por tu amable mensaje.
Nadine.
PS: Te escribiré una vez más en cuanto haya desembarcado en No Woman's Land.
Besos,
N.
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