Are you this man - unknown, uninvited, unexpected? Were you the perfect stranger in the suit, standing there, in the gallery - maybe smiling?

What could your eyes see? What was in your mind? Were you enjoying the view? What were you thinking about? Were you recalling something? Were you waiting for somebody?

I met a perfect stranger for the first time on Monday, January 16th, 2012, about midnight. They say sometimes, you're not aware of what you're needing until somebody else shows it to you; sometimes, you don't know you were missing something, until you happen to find it in a perfect stranger.

I dedicate this blog to my perfect stranger. Diego, Max, Jurgen - whatever your name is and whoever you might be, all I can say to you now is: «Enchantée. Thank you for meeting me, too. My pleasure.»

mercredi, janvier 18, 2012

STILL ON BOARD THE QUEEN ELIZABETH

Dear Max,

Qué puedo decirte sobre anoche que no sepas ya...

Sinceramente, me sorprendió sobremanera tu presencia a bordo de este barco cuando te vi por primera vez, en la cubierta, mientras el Queen Elizabeth soltaba sus amarras, levaba sus anclas y dejaba el puerto, entre el bullicio y la algarabía generalizados.

Creeme que éste es el último lugar donde esperaba encontrarte.

La primera vez que te vi en la cubierta del barco, pensé: "¡Qué extravagante!", por el hecho de que tu sombrero se veía raro; parecía mas bien una boina. Tus puños inmaculados y tus gemelos relucían bajo el brillo del sol de la mañana. Estabas parado allí, a unos cuantos metros de mi grupo de amigas, y aún así tu mirada lograba alcanzarme. Tus ojos hacían de mi persona el blanco perfecto, y parecía como si pudieran ver a través de mí.

Debo confesar que entonces tenía la secreta sospecha de que fueras el extraño de la máscara en "La Casa del Placer Infinito", el sitio donde nos conocimos. Había algo en tu semblante, en la postura de tu cuerpo mientras estabas parado en la cubierta del barco, que me hizo presentir que podías ser él. O que él eras vos, no sé bien cómo expresarlo. Tenías un aire ausente, pero al mismo tiempo parecías estar muy concentrado en algo o... en alguien. Ese alguien era yo, y sin embargo, presentía que con los sentidos restantes, también le estabas prestando atención a tu entorno, a todo lo que te rodeaba en ese momento.

Verás, me sentí escrutada como si estuviera bajo la lente de un microscopio, lo que a su vez me hizo sentir un tanto incómoda. Por eso me despedí de Bella, Mary, Lizzy y Brigitte, y me retiré a mi camarote. Strike two: anoche lograste hacer algo más que alcanzarme con la mirada - conseguiste un lugar en nuestra mesa a la hora de la cena, justo a mi lado.

Sé que me comporté como una chiquilla malcriada durante la velada. Je suis desolée, monsieur. Pero es que me pusiste realmente nerviosa. No entendía qué estabas haciendo ahí, en nuestra mesa, exactamente en el sitio contiguo al mío. Como ya te he contado, el año pasado tuve una experiencia lamentable con un dandy, un incidente desafortunado que me costó muy caro (y no hablo en términos monetarios, que la suma fue bastante ridícula y no provocó altibajos en la cuenta que daddy tiene en el Bank of England). Pero sí me costó un sermón de parte de Mr Fairchild, que fue bastante duro de escuchar y de procesar, y que marcó un antes y un después en nuestra relación, como así también en la imagen que tengo de mí misma. Bueno, pues resulta ser que creí que podías ser un dandy en busca de alguna recompensa... De todos modos, no es nada halagador haber pasado de valer 50.000 libras esterlinas (la cantidad exacta que aquel dandy pérfido requirió a cambio de las fotos y de su silencio) a costar, ¡nada menos que 5!, que es la suma que según he sido informada, tuviste que desembolsar para asegurarte un asiento en nuestra mesa.

Agradezco enormemente el noble gesto de haber devuelto la tiara extraviada. No he debido ser tan descuidada. Lamento haberte confundido con un dandy y haberme dirigido a vos en una forma tan altanera. Ahora sé que tus intenciones eran buenas, pero ya sabés, una dama de la high society que además, ha sido víctima de un chantage poco menos que despreciable y vil, no puede fiarse de ningún hombre, por más caballero que parezca.

Con respecto a lo que sucedió luego en el lounge... comprenderás que mi cautela me obliga a no poder hacer mayores comentarios por este medio. Sólo diré que he vivido una experiencia de esas que nunca hubiera imaginado protagonizar, y que me haría feliz que tus impresiones coincidieran con las mías.

(Si es así -y espero sepas disculpar los requerimientos de mi ego femenino-, me encantaría saberlo.)

Mil perdones por no haberte alcanzado más tarde. Me quedé dormida en mi camarote, arrullada por la brisa marina que se filtraba en la habitación a través de una claraboya semi-abierta, y que causó que esta mañana mi voz tuviese un dejo de ronquera bastante gracioso. Me dormí ni bien apoyé la cabeza sobre la almohada, mecida por las olas y el traqueteo suave del barco, que aminoró la marcha durante la madrugada. Y ya que estamos en tren de confidencias, deseo que sepas que esta mañana, cuando llegó el desayuno, me desperté con la sensación de que nos habíamos reencontrado en sueños. Desafortunadamente, no logro recordar sobre qué versó mi sueño pero sí sé muy bien que estuviste allí, conmigo, y que fue una situación placentera, dado que cuando oí el golpe en la puerta del camarote me empeñé en seguir hablando con vos e hice todo lo posible para no despertar (hecho que, por supuesto, resultó infructuoso).

De más está decirte que espero que el azar y la suerte nos reúnan en otro momento durante el transcurso de este viaje.

Mis más sinceros respetos,

Vanity (Fairchild).


The RMS Queen Elizabeth.


Our table at the main restaurant (it's the first one behind the big table in the centre of the picture).


Our "neighbours" - the people sitting at the table next to ours.


The bar you brought our martinis from...


... And a very, very lonely deck chair.

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