Hallo, por acá yo, Katherina. Nadine me ayudó a asignarte un nombre, una edad, una fisonomía y una profesión a partir de un desliz descuidado de tu parte durante una charla con ella en la que presumiste de haber corrido los 10K de LAN en una hora seis. Ése es el problema con los hombres: tarde o temprano su ego, su narcisismo, los traiciona, se venden solos.
Lo que Nadine jamás supo es qué haríamos con esa información. Bueno, en el plano de la realidad, no hicimos ABSOLUTAMENTE NADA. ¿Por qué? Porque (1º) no era nuestra intención hacer ni el menor movimiento, y (2º) no valía la pena. ¿Cazarte? No tengo intenciones de ir a la cárcel como huésped por nada del mundo. ¿Aparecerme en una esquina, decirte "Hola Diego, soy Nadine / Katherina / Vanity / Mia / Ivana"? ¿Para qué? Una Mujer con mayúscula no va a ninguna parte sin invitación expresa. Es más: yo (nobleza obliga) cuido que estén esperándome, con alfombra roja y fanfarrias si es posible, y por supuesto, me hago esperar, para después hacer una entrada triunfal bien digna de mí. ¿Para qué, entonces, aparecería de improviso en tus lares, sin invitación previa? ¿Para generar tu rechazo? Never in my life.
Ay sí, amenacé con hacerlo, amenacé con darte una lección, claro que sí. Me guardo la satisfacción interna de que tal vez, por el término de al menos un par de semanas, tuviste extremo cuidado en las esquinas, me buscaste entre las sombras, no le diste la espalda a las desconocidas con apariencia germana, estuviste alerta. Esa fue toda mi venganza. Lo demás... Fue puro blah, blah, blah.
No quisiera desafiarte a vos a encontrarme a mí. Seguramente yo también cometí mis deslices y te dejé algunas pistas que podrían traerte hasta mis dominios. La verdad es que, en primer lugar, hacer que yo atienda la puerta es "mission impossible" para cualquiera, jamás atiendo (ni siquiera a mi familia) si se presentan sin aviso. Nadie que no me llame por mi verdadero nombre tiene el poder de hacerme abrir la mirilla de mi puerta. (Y aún así, no es ninguna garantía de que vaya a hacerlo. Creeme: le pasó a mi mejor amiga unas cuantas veces.) En segundo lugar... Si lográs cruzarte en mi camino de frente, aún en caso de que te reconozca, seguiré de largo como si no te hubiese visto. (Confieso, lo he hecho con demasiada gente ya.) En tercer lugar, si venís desde atrás y tocás mi espalda, o si incluso pronunciás mi nombre, estoy entrenada para no responder, para fingir que yo no soy la persona que buscás.
Dicho eso... Últimamente no aparezco en ningún lado, ni siquiera por invitación, a menos que vengan a buscarme en auto. Y en tu caso, tendría que ser en limousine... Pero te aviso: no le pidas NUNCA una cita a la faceta equivocada, al personaje incorrecto (por ejemplo, a mí, Katherina), porque la respuesta sería un NO rotundo.
Antes de que deje este escenario (no sé quién quedará: Nadine, Vanity o alguien más), espero que aceptes mis disculpas por haberte llamado jude en el pasado. Espero no haber herido la sensibilidad de nadie: ni la tuya, ni la de ninguna persona de ascendencia hebraica que me haya leído escribir esta palabra. Era sólo un personaje con ascendencia germánica, actuando un juego de rol por escrito, en este blog. Una historia como tantas otras historias. Pero quien escribe esas historias, tiene valores entre los que no se cuentan maltratar a otros seres humanos por su etnia, condición social, etcétera.
Hecha la aclaración... Te pongo al corriente de mi vida: vati (mi padre) se fue al Reino de Odín, y entre sus documentos antiguos descubrí un escrito que contaba que mi idolatrado bisabuelo nazi desertó antes de la Segunda Guerra, y así fue como terminamos residiendo en este país sudamericano. Con respecto a mi hermano Christian... Siempre lo supimos, no llevábamos la misma sangre, pero aunque él se separó de Rebeca el año pasado, hay una enorme brecha entre nosotros y no creo que volvamos a acercarnos como en nuestras mejores épocas. Los motivos de esto son muy complejos de explicar, y ya he escrito bastante en este blog.
Ahora sí. Ahora puedo despedirme sin remordimientos. Desearte lo mejor, y pedirte que me perdones por haber intentado asustarte (cosa que creo haber logrado, y espero sepas disculpar mi propia arrogancia).
Auf wiedersehen, Diego, Max... Y para que quedemos a mano y vos también tengas una imagen mía, compartiré con vos la foto que dejo a continuación. La segunda niña alemana de izquierda a derecha es mi abuela, y todos en mi familia dicen que soy exactamente igual a ella.
Adiós... Y hasta que Odín vuelva a reunirnos en su palacio de Valaskjálf.
Sinceramente,
Kat.
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