Are you this man - unknown, uninvited, unexpected? Were you the perfect stranger in the suit, standing there, in the gallery - maybe smiling?

What could your eyes see? What was in your mind? Were you enjoying the view? What were you thinking about? Were you recalling something? Were you waiting for somebody?

I met a perfect stranger for the first time on Monday, January 16th, 2012, about midnight. They say sometimes, you're not aware of what you're needing until somebody else shows it to you; sometimes, you don't know you were missing something, until you happen to find it in a perfect stranger.

I dedicate this blog to my perfect stranger. Diego, Max, Jurgen - whatever your name is and whoever you might be, all I can say to you now is: «Enchantée. Thank you for meeting me, too. My pleasure.»

mercredi, mars 21, 2012

Two perfect strangers (Unabridged) Part I

(O "Acerca de dónde, cómo y cuándo conocí a Max".)


Durante una de mis largas noches de aburrimiento, fui de visita a "La Casa del Placer Infinito", en el 20 del Boulevard. La anfitriona de la casa era una Madamme cincuentona que hablaba con un exagerado acento francés. Su nombre era Regine, pero le gustaba que le dijeran "Regie".

"Para comenzar, permítame recomendar a usted la Habitación del Romance", dijo Madamme una vez que me condujera hasta el interior de la casa.

Lo primero que llamaba la atención en la Habitación del Romance era el ambiente agradable, con luces tenues y música suave, de esa que se disfruta más si se la comparte con alguien especial, alguien de quien se está muy enamorado...


En la Habitación del Romance había divanes con almohadones rojos, había adornos en forma de corazón, había estatuas y estatuillas de parejas abrazándose, besándose, amantes estrujándose uno contra el otro; había floreros con rosas blancas y rojas, había... había cuatro o cinco parejas dedicándose al amor con esmero; se podía adivinar la ternura y la pasión encerrada en cada gesto, en cada movimiento, en las cadencias y los vaivenes, incluso en los suspiros y en los silencios. También había mujeres y hombres solos, no serían más de seis o siete; estaban allí, observando a una o a varias parejas, y cada uno de ellos parecía una isla deseando, en secreto, poder encontrarse con otra isla y complementarse mutuamente.

Por indicación de Madamme, que creyó que me estaba sintiendo incómoda ante el aquel gran espectáculo amatorio me fui a sentar detrás de un biombo. Allí vi una especie de balcón abierto justo frente a mí, y salí a tomar un poco de aire. Al lado había otra habitación, que también daba a aquel balcón. Me asomé para espiar y, sintiéndome incómoda, regresé inmediatamente por donde había venido.

Fue entonces que ocurrió algo inesperado. Alguien salió de aquella habitación, casi detrás de mí, o creo que fue así, no sé, no lo vi. Sólo sé que sentí que alguien tocaba mi espalda justo cuando estaba por entrar a la Habitación del Romance. Sí, alguien me tocó por detrás, y me tomó tan desprevenida que me asusté y grité. Madamme apareció enseguida.

"¿Sucede algo? Oh, es usted, Max... ¿Todo está bien, mademoiselle?"
"Si, Madamme", respondí.
"Regie", me corrigió.
"Sí, Regie."
"Ha sido mi culpa, señoras. Quería ver si mademoiselle estaba bien, es que entró a la Habitación de la Serpiente y la Manzana - yo estaba ahí, cerca de la ventana, y la vi ponerse muy pálida y salir casi inmediatamente. Sólo quería saber si usted se encontraba bien. Discúlpeme si la asusté."

En aquel momento, odié a ese hombre por ponerme en evidencia. Ahora Regine iba a creer que yo realmente era una puritana, y seguramente me iban a convencer de quedarme en alguna de las habitaciones para invitados impresionables. Evité mirar a aquel extraño, que en ese momento me estaba haciendo sentir todavía más incómoda.

"Regie" dije, tratando de aparentar tranquilidad y soltura, "todo está bien, y deseo quedarme en el balcón hasta haberme recuperado del susto. Y con respecto a usted, caballero, no tiene motivos para preocuparse por mí, si salí tan rápido de la habitación en donde estaba usted fue porque por un momento me faltó el aire."

"Entonces, me quedo con usted hasta que se sienta bien", respondió él.

"Le aseguro que no va a ser necesario, yo puedo perfectamente..."

"Por favor", me dijo con un tono suplicante que me hizo estremecer por segunda vez en la noche (y por si fuera poco, ambos lo notamos), "permítame asegurarme de que usted se encuentra bien, sólo permaneceré un momento a su lado, en el balcón, y admiraremos en silencio esta magnífica vista..."

Enmudecí como una tonta. Regie sonrió, inventó alguna excusa creíble para salir de escena y se fue. Yo no podía dejar de mirar a aquel extraño directamente a los ojos. Me quedé paralizada...



Aucun commentaire:

Enregistrer un commentaire